jueves, 21 de junio de 2012

Huber espera la mañana


Por Raúl Rivero

El escritor cubano Huber Matos (Yara, 1918), autor del libro de memorias Cómo llegó la noche (Tusquets, 2002), estuvo esta semana en México para hablar un rato largo de la cercanía de un amanecer de libertad en Cuba. El hombre, un maestro rural y cultivador de arroz que bajó de la Sierra Maestra junto a Fidel Castro con grado de comandante, firmó autógrafos y se retrató con el público como si el anuncio que hizo del regreso a su país se fuera a producir al otro día.

Es la fe en la vuelta a la república, el optimismo que no pudo derrotar ni una condena a 20 años de cárcel que cumplió íntegra, ni los sufrimientos de las celdas de castigo narrados con lenguaje directo y descarnado en sus memorias. Allí están sus años de lucha contra Fulgencio Batista, su exilio en Costa Rica y su experiencia como jefe de una columna que entró triunfal en La Habana el 8 de enero de 1959.

Matos viajó a México invitado por Ricardo Cayuela, editor de la revista Letras Libres, al que explicó que su compromiso con Cuba es lo que lo hace soportar la espera. «Confío en que tengo que ver salir el Sol en mi patria».

A los 93 años continúa con su activismo político en contra del régimen y una filosofía firme pero discreta en ese enfrentamiento. Sin sueños de venganza ni aspiraciones al poder. Una vez lo llamé por teléfono a su casa y su esposa me dijo que Matos trabajaba en ese momento en el patio. Que me llamaría más tarde. Cuando llamó, me dijo que reparaba un pequeño barco para venderlo y tener unos ahorros para poner un pequeño negocio familiar a la hora de la democracia en Cuba.

Recuerda como los mejores momentos de su vida su tiempo de maestro y sus sueños rotos de pasar la vejez como director de una escuela enorme y eficaz. Matos se moviliza solo, con sus trajes correctos y discretos y la mano tendida sin ataques sectarios. 
 
Sus amarguras son parte del anecdotario de su vida y las recuerda con un mismo tono distante. Así cuenta el momento en el que se negó a comunicarse con los funcionarios del Gobierno costarricense que gestionaban su liberación porque creyó que eran policías cubanos disfrazados de extranjeros. 

Y así le respondió a un periodista que le preguntó sobre sus recuerdos en la cárcel: «Lo más difícil fue encarar a diario las ofensas y los golpes. Por esos tuve que apelar en tres oportunidades a la huelga de hambre. Fue decir: o me respetan o me echan a la sepultura».

Hay mucha gente que ha seguido esta visita de Matos a México. Muchos esperan un segundo tomo de sus memorias, Cómo llegó el día.

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