Aún persiste el misterio de la muerte de Camilo Cienfuegos

Publicado el jueves 28 de octubre del 2010

By JUAN O. TAMAYO

El comandante Huber Matos estaba preso en el Castillo del Morro de La Habana cuando escuchó la noticia: Camilo Cienfuegos, uno de los comandantes más carismáticos de la revolución de Fidel Castro, había desaparecido.

``Yo inmediatamente pensé que Fidel lo mató. Lo mataron por mi caso'', dijo Matos, quien pasó 20 años en la cárcel por alegar que los comunistas estaban infiltrándose en el gobierno de Castro.

La desaparición de Cienfuegos el 28 de octubre de 1959 es uno de los misterios más persistentes de la historia de Cuba, así como una oportunidad para que Castro exalte a un ``mártir'' de la revolución y para que sus críticos lo acusen de asesinato.

Nunca ha habido una certidumbre absoluta sobre cómo murió -- oficialmente perdido en el mar al caerse una avioneta --, aunque durante décadas ha habido muchos reportes no confirmados de supuestos testigos y supuestas conspiraciones.

Cada 28 de octubre, los niños de las escuelas cubanas arrojan flores al mar o a los ríos en memoria de Cienfuegos. El año pasado, en el 50mo. aniversario de su desaparición, una silueta de su rostro hecha en acero fue colocada en la fachada de un edificio en la Plaza de la Revolución, cerca de la de Ernesto ``Che'' Guevara, el revolucionario argentino muerto en Bolivia en 1967.

El billete de 20 pesos de Cuba tiene impresa su imagen, una universidad de la provincia de Matanzas lleva su nombre y hay un museo dedicado a él en Yaguajay, el escenario de su más famosa batalla durante la revolución.

Pero, cada octubre, Matos recuerda la muerte de Cienfuegos de un modo radicalmente distinto: como la víctima de Castro, quien estaba celoso de su popularidad y lo consideraba un mujeriego irresponsable.

Hijo de anarquistas españoles que habían llegado a Cuba huyendo de la Guerra Civil, Cienfuegos se unió al movimiento de Castro en México, desembarcó en la isla junto con los expedicionarios del yate Granma en 1956 y alcanzó el grado de comandante, el mayor rango entre los guerrilleros que pelearon contra el dictador Fulgencio Batista.

A la cabeza de una columna de 700 hombres, su toma del cuartel del ejército en Yaguajay el 30 de diciembre de 1958 abrió a los rebeldes el paso a La Habana y obligó a Batista a huir del país la víspera de Año Nuevo.

Cienfuegos fue nombrado jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, y con su apostura juvenil, su característico sombrero de cowboy, su simpatía y su sonrisa fácil llegó a ser uno de los héroes más queridos de la revolución.

Fue visto una vez en la playa de Siboney, en las afueras de Santiago de Cuba, en Oriente, dormido a la sombra de una palma, con la camisa de uniforme abierta al sol y sin guardias, aunque con su subametralladora Thompson en las piernas.

Pero hubo fricción entre Cienfuegos y Castro desde muy temprano, rememoró Matos, quien ahora vive en Miami y dirige el movimiento Cuba Independendiente y Democrática. Cienfuegos se quejó a menudo a Matos de la creciente infiltración comunista en las filas de la revolución, dijo Matos a El Nuevo Herald, y lo urgió varias veces a hablar en privado con Castro sobre el asunto.

Matos añadió que Castro mientras tanto ya había empezado a criticar a Cienfuegos a mediados de enero de 1959, llamándolo ``descuidado, borracho, bohemio. Las mujeres lo vuelven loco.'' Matos contó que Castro le dijo: ``El pueblo lo ama, pero es un desastre''.

Matos dijo que le había parecido que Castro estaba muy celoso de la popularidad de Cienfuegos. ``Fidel es muy celoso. Cualquier aplauso a otro, a Fidel le duele'', dijo.

Cuando Matos envió a Castro una carta renunciando a la jefatura de la provincia de Camagüey debido a la creciente influencia comunista en la revolución, Castro envió a Cienfuegos a arrestarlo.

Cienfuegos arrestó a Matos en Camagüey el 21 de octubre, y dijo en aquel entonces a periodistas que Matos estaba conspirando en contra de Castro. También negó que los comunistas estuvieran ejerciendo demasiada influencia sobre la revolución.

El 30 de octubre, el gobierno anunció que había desaparecido desde el 28, cuando su avioneta bimotor Cessna 310 despegó de Camagüey rumbo a La Habana. Nunca se encontró su cadáver ni resto alguno de la nave.

Matos estaba para entonces en una celda del Morro, la fortificación colonial que guarda la entrada de la bahía de La Habana, en espera del juicio que lo sentenciaría a dos décadas de cárcel.

Pocos días después de su arresto, dijo Matos, Castro celebró una manifestación para denunciarlo como traidor. Cienfuegos fue el penúltimo en hablar, antes de Castro, pero no mencionó a Matos en ningún momento.

El 26 de octubre, añadió Matos, recibió dos notas secretas de Cienfuegos diciendo que estaba preparado para ayudarlo a escapar. Matos dijo que rehusó la oferta porque quería un juicio durante el cual explicar en público sus críticas a Castro.

``De lo que estoy seguro es que Fidel tenía sobradas razones para matar a Camilo'', aseveró Matos en una entrevista el martes con El Nuevo Herald.

``Para mí eso siempre ha estado claro''.

``Yo también estoy convencido de que aprovecharon el primer momento para desaparecer a Camilo'', agregó. ``No sé como, pero sí estoyconvencido de que lomataron''.

Pero Matos agregó que discrepa con algunas de las muchas versiones sobre la muerte de Cienfuegos, y reconoció que nunca ha habido informaciones totalmente confirmadas sobre la manera exacta en que murió.

Existe una persona en Cuba, agregó Matos, que posiblemente tenga información de primera mano sobre la muerte. Y si el gobierno comunista se termina algún día, dijo, él buscará a esa persona, que se negó a identificar, para preguntarle: ``¿Que pasó realmente con Cienfuegos?''


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50 años de la denuncia de Huber Matos a la traición de Fidel Castro




WILFREDO CANCIO ISLA

En la madrugada del 21 de octubre de 1959, el legendario comandante Huber Matos tuvo la sensación de que aquel sería el último día de su vida y decidió grabar su testamento político para la posteridad antes de que la tropa de Camilo Cienfuegos llegara al Regimiento Militar de Camagüey para arrestarlo por supuesta traición a la patria.

"Fue una respuesta a las acusaciones de traidor y sedicioso que había lanzado Fidel Castro contra mí en las horas que siguieron a mi carta de renuncia'', recordó Matos el miércoles desde su casa en Miami. "Estaba convencido que tenía las horas contadas y le pedí al capitán Rosendo Lugo que encendiera una grabadora, pues quería dejar grabada toda la verdad para el pueblo cubano''.

Luego del arresto y procesamiento judicial de Matos por un consejo de guerra en La Habana, la cinta fue sacada de la comandancia de Camagüey en circunstancias desconocidas y enviada subrepticiamente a Puerto Rico, donde terminó registrada en un acetato de larga duración.

La grabación --con apenas 20 minutos de duración-- es prácticamente desconocida y Matos ha recuperado una copia de manos amigas para escucharla junto a amigos y seguidores, 50 años después de los vertiginosos acontecimientos que lo llevaron a la prisión y al exilio. La reunión para rememorar la histórica renuncia del entonces mítico comandante revolucionario se efectuará este domingo 25, a partir de las 9:30 a.m., en las oficinas de la organización Cuba Independiente y Democrática (CID), en el 10020 SW 37 Terrace, Miami. La sesión estará abierta al público.

Vital y lúcido a los 91 años, Matos rememora el momento crucial de su renuncia, anunciada en una carta a Fidel Castro la víspera de su detención.

"Mi verdadero propósito fue alertar al pueblo cubano en un intento por evitar la tragedia que se avecinaba'', manifestó Matos. "Para esa fecha estaba convencido de que Fidel Castro era parte de la conspiración comunista fraguada por Raúl Castro y [Ernesto] el Che Guevara. Queríamos parar la traición y restituir la república sobre el respeto a las estructuras democráticas''.

Matos había presentado una solicitud de renuncia a su cargo de comandante del Ejército Rebelde en junio de 1959, inconforme con la inclinación comunista del proceso revolucionario, pero Castro no la aceptó.

Cuatro meses después, el 20 de octubre, envía una carta definitiva al líder cubano: "No deseo convertirme en obstáculo de la revolución y creo que teniendo que escoger entre adaptarme o arrinconarme para no hacer daño, lo honrado y lo revolucionario es irse''.

La reacción de Castro no se hizo esperar. Lanzó airadas acusaciones contra Matos arengando al pueblo a través de la radio, ordenó a la policía y a las fuerzas tácticas del aeropuerto de Camagüey que se sublevaran contra el mando militar, y envió a Camilo Cienfuegos a arrestar al supuesto jefe insubordinado.

"Todo fue preparado por Castro para que hubiera un enfrentamiento para meternos en la trampa de la rebelión'', consideró. "Afortunadamente me reuní con todos los jefes del regimiento, que eran unos 950 hombres dispuestos a pelear, y barraca por barraca fuimos diciéndoles que nadie podía desenfundar un arma, porque hubiera sido un baño de sangre''.

De los hechos traumáticos que rodearon aquellas horas, confiesa que nunca podrá olvidar el gesto de dos entrañables integrantes de su tropa que se suicidaron en señal de protesta tras conocer las órdenes de Castro: el capitán José Manuel Hernández, que se suicidó de un balazo en la sien, y el teniente José León García, quien, desarmado, se partió el corazón con un cuchillo.

Matos recuerda que durante su destitución, Camilo Cienfuegos llamó a Fidel Castro para decirle que se estaba cometiendo una injusticia.

"Camilo estaba abochornado por la misión de destituirme y llamó por teléfono a Fidel para decirle que era una metedura de pata lo que se estaba haciendo conmigo y con mis subordinados'', relató. "La respuesta del otro lado de la línea la escuchó en silencio, poniéndose pálido, con el rostro desencajado. En ese momento tuve el primer presentimiento de que la carrera de Camilo estaba acabada''.

Cienfuegos desapareció misteriosamente el 28 de octubre de 1959 cuando se trasladaba de Camagüey a La Habana en un avión Cessna, sin que se hallaran rastros de la catástrofe. Matos dice que está convencido de que fue un asesinato perpetrado por Fidel Castro.

Días antes de la desaparición de Cienfuegos, Matos fue trasladado a La Habana custodiado personalmente por el comandante Ramiro Valdés, jefe de inteligencia del Ejército Rebelde (G-2) y posterior ministro del Interior. Entre el 11 y el 15 de diciembre transcurrió el consejo de guerra, que le impuso una condena de 20 años de cárcel.

Matos cumplió la sanción penitenciaria hasta el último día. Fue liberado el 21 de octubre de 1979 y enviado a Costa Rica apenas horas después de salir de la cárcel. No pudo cumplir con su voluntad de visitar la tumba de su madre, en el poblado oriental de Yara, antes de marchar forzosamente al exilio.

Pero asevera que no guarda odio en su corazón y no puede ocultar su entusiasmo cuando habla del futuro de Cuba.

"Vivo con la convicción de que voy a regresar a Cuba, no para meterme a aspirar a puestos gubernamentales a mi edad, sino para ser un promotor de las instituciones democráticas que permitan el renacimiento de la nación'', afirmó Matos. "No me arrepiento de haber luchado por derrocar a una dictadura militar [Fulgencio Batista], sino de que mi esfuerzo haya servido para llevar al poder a este fraude que se dice llamar revolución cubana''.

Está al tanto de la actualidad cubana y del desempeño de los jóvenes desafectos al régimen. Elogia y lee con frecuencia los textos de la reconocida bloguera Yoani Sánchez y días atrás recibió en su casa al rockero Gorki Aguila, un feroz crítico del sistema comunista de la isla.

"El daño que ha hecho Fidel Castro a la nación cubana va a necesitar varias generaciones para repararlo y nunca regresaremos al punto de partida'', reflexionó Matos, autor del libro de memorias Cómo llegó la noche (2002). "Castro ha convertido la república en un feudo, en un prostíbulo, en un manicomio''.

Matos no es partidario de mantener la pena de muerte de manera permanente en la Cuba futura, pero considera que "no debe haber perdón para los principales culpables de la tragedia nacional''.

"Estoy a favor de un Nuremberg cubano para juzgar a los que teniendo la opción de redimirse, no se rediman'', opinó. "Pero Fidel y Raúl Castro tendrán que ser colgados de las farolas del Malecón de La Habana si llegan con vida al final de este proceso. Dejarlos vivos sería un gesto de debilidad que no debería permitirse el pueblo cubano''.

Publicado el jueves 22 de octubre del 2009

http://www.elnuevoherald.com/2009/10/22/v-print/571316/50-anos-de-la-denuncia-de-huber.html#ixzz12zyxBpN7

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El Comandante que denunció la traición de la revolución cubana




Hoy hace 51 años, el 21 de octubre de 1959 en Camagüey, desde muy temprano en la madrugada en las estaciones de radio de la capital provincial los capitanes Orestes Valera y Jorge Enrique Mendoza Reboredo (1), voceros de Fidel Castro, arengaban a la población acusando a la tropa del Ejército Rebelde en el Regimiento Agramonte. Los acusaban de haberse sublevado contra la revolución. Los llamaban “traidores, hijos de perra, canallas, mercenarios etc.” Los soldados estaban indignados.

El Comandante Huber Matos, jefe militar de la provincia, escuchaba los insultos consciente de que el propósito era provocar una reacción de parte de la tropa y los oficiales bajo su mando.

Los aproximadamente 300 hombres de la policía de Camagüey y una compañía de 100 hombres que custodiaba el aeropuerto habían sido manipulados por Fidel, que se encontraba en La Habana, para lanzarlos contra el Regimiento Ignacio Agramonte.

El Comandante Matos fue de compañía en compañía advirtiéndoles a sus hombres que: “esto es una trampa, no podemos caer en el error de dejarnos provocar. Yo soy el objetivo principal, pero lo que quieren provocar es una confrontación para que haya muertos y así justificar una sublevación.” Los soldados rebeldes y sus oficiales obedecieron las órdenes.

Temprano en la mañana el doctor Miguelino Socarras,
(2) ex oficial rebelde, llegaba a la casa del comandante del regimiento que se encontraba dentro del complejo militar. El doctor Socarras le pidió a Huber que huyera con él de Cuba. Le dijo que él tenía un avión y un piloto listo a minutos de allí. Que había que evitar que lo lincharan. Huber se negó a huir diciéndole: “Me arrastrarán ahora, pero tal vez esto salve al país.”

Unas horas después llegó el Comandante Camilo Cienfuegos
(3) y conversó con Huber sobre el problema de la infiltración comunista que preocupaba a ambos. Castro llegó cautelosamente a Camagüey y acompañado de una turba se dirigió al Regimiento Agramonte donde nadie opuso resistencia. Huber fue arrestado. Veintiuno de sus oficiales exigieron que se les detuviera con él, y fueron arrestados también.

El Capitán José Manuel Hernández, jefe militar en el pueblo de Florida fue a la estación de radio del pueblo, protestó por las acusaciones contra su jefe Huber Matos, regresó a su puesto de mando, escribió una carta donde decía que ya no valía la pena seguir viviendo y se disparó un tiro y murió.

Otro oficial, el teniente José León García del Central Vertientes, protestó por las calumnias contra sus compañeros y su jefe, y también se suicidó.

Los estudiantes, los trabajadores y campesinos camagüeyanos reaccionaron con incredulidad y descontento ante aquellas acusaciones. Las operadoras de las centrales telefónicas de la provincia respondían a cualquier llamada con la consigna “Huber Matos no es traidor.”

En este enlace podrá encontrar la carta renuncia y una explicación de las circunstancias. En TeleCID podrá encontrar varios videos sobre el tema. El libro “Cómo llegó la noche” tiene un relato detallado de estos y otros acontecimientos.

Huber Matos cumplió una condena de veinte años de cárcel, vive en Miami con su esposa María Luisa y es el Secretario General de Cuba Independiente y Democrática, el CID.

Roberto Mart
ínez
Comit
é de Asistencia al Partido Cuba Independiente y Democrática (CACID)


(1) Orestes Valera murió de cáncer en Hialeah. Jorge Enrique Mendoza Reboredo intentó suicidarse y luego murió.

(2) El doctor Socarras salió al exilio donde practicó la medicina por más de veinte años y falleció.

(3 El Comandante Cienfuegos desapareció el 28 de octubre, una semana después del arresto del Comandante Huber Matos, pero su desaparición no fue reportada[informada] por la prensa cubana hasta el día 30 de ese mes.
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