Anolan Ponce: Huber Matos, coraje hasta el final


Es imposible hablar de la Revolución Cubana sin mencionar el nombre del Comandante Huber Matos, quien falleció en Miami a la edad de 95 años y acaba de ser sepultado en Costa Rica. Considerado por muchos la figura más importante en la historia de Cuba del siglo XX, Matos fue el comandante que el 21 de octubre de 1959, diez meses después del triunfo revolucionario en Cuba, y precedido en el escalafón del poder solo por los hermanos Castro, renunció a su grado de comandante denunciando la infiltración comunista en la revolución cubana.

Huber Matos pudo haberse exilado, pero escogió quedarse, dispuesto a inmolarse para forzar a Fidel Castro a definirse. Este acto de gran coraje lo colocó en la historia de Cuba y le dio reconocimiento internacional. También le valió 20 años de cárcel, condena a lo cual le fue conmutada la pena de muerte, y que él cumplió hasta el último día. Fue un hombre íntegro a quien ni los vítores del triunfo, ni la adulación del poder, ni los horrores del presidio le cambiaron sus convicciones. Pasó su existencia defendiendo la democracia, y por ella estuvo dispuesto a morir. Ni sus más acérrimos enemigos pueden negar nada de lo antes dicho.

Su libro de memorias, premiado con el XIV Premio Comillas, es un gran legado histórico. En Como llegó la noche, del cual se han vendido más de 100,000 ejemplares y ha sido publicado también en francés, Matos detalla la lucha idealista de la Sierra Maestra, sus veinte años en el presidio, y paso a paso, para angustia del lector, como Cuba fue entregada al comunismo.

Conocí al Comandante Huber Matos en el año 2009 a través de mis actividades por la libertad de Cuba, y desde entonces nos unió una estrecha amistad. Juntos viajamos en diferentes ocasiones a Costa Rica, Honduras y Polonia, formando parte de delegaciones de grupos del exilio cubano. Una cosa me impresionó entonces además de sus ojos azules, casi diáfanos: el comandante, con 90 años y apariencia frágil por su delgadez, cargaba su pesada maleta, que no tenía ruedas, y rehusaba la ayuda de los hombres en el grupo. Era una muestra de su recia voluntad que hacía honor al nombre que su padre le impuso: el del naturalista suizo Francisco Huber, un hombre ciego que con la ayuda de su esposa y un sirviente estudió las abejas durante veinte años y escribió un libro sobre ellas que todavía está en uso.

El mundo ama a los héroes, y el mundo amaba a Huber Matos. Pude precisar su inmensa popularidad en estos viajes que hicimos. En Polonia fue condecorado con la Medalla con el Escudo Presidencial. En Honduras, la gente de la calle y hasta el ex presidente, Jorge Quiroga, de Bolivia, se quisieron retratar con él o estrechar su mano. En Costa Rica lo veneraban.

En Miami, sin embargo, tenía detractores. Aquellos que no le perdonaban su pasado revolucionario y que autorizara los fusilamientos de ex militares del gobierno de Batista como Jefe de la provincia de Camagüey. Quizás debían tener en cuenta que en el ejercicio de sus obligaciones, grandes líderes de la historia se han visto forzados a tomar graves decisiones. Roosevelt y Churchill le entregaron Polonia a Stalin en Yalta. Harry Truman autorizó la detonación de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki. Nadie los acusa de criminales. El Comandante Matos expió sus pecados con 20 largos años de torturas y privaciones en las mazmorras castristas.

Su figura ejemplifica la rebeldía y el afán del cubano por ser libre. Y aún más, el coraje para lograrlo. Un coraje que lo acompañó siempre, y lo instó a pesar de su avanzada edad, a cruzar océanos y viajar a lejanas tierras a denunciar la opresión en su patria. Su recia voluntad siempre triunfaba, y podía soportar largos viajes en avión, con costillas fracturadas, sin moverse del asiento y sin ingerir alimentos. O caminar en temperaturas heladas con un sencillo abrigo sin guata; o estar de pie por horas sin quejarse; o cargar su pesada maleta sin ayuda…

“Era un hombre sin estómago, sin necesidades; la marcha no lo abatía, la comida no le hacia falta y suplía todos los deseos por darle la victoria a Cuba y realizar lo que se había propuesto, la independencia de la República”. Así describió al Generalísimo Máximo Gómez, el General de Brigada del Ejército Libertador, Enrique Collado Tejada. Pero, ¿no creen que también esto describe al Comandante Huber Matos?

El Generalísimo vio su sueño realizado, pero no el Comandante Matos. Sepan los enemigos del pueblo cubano, que él no descansará en paz hasta que ello suceda. “La lucha continúa”, fueron
sus últimas palabras. ¡Hasta entonces, Comandante!

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Cientos acuden a las exequias de Huber Matos

Rogelio Matos y Huber Matos
Amigos y familiares asisten, este domingo, al funeral de Huber Matos, el único de los comandantes históricos de la revolución cubana que terminó en el exilio. Matos murió el pasado jueves en un hospital de Miami a los 95 años. Gaston de Cardenas / EFE
Enrique Flor
eflor@elnuevoherald.com

Centenares de personas acudieron el domingo a darle el último adiós al comandante Huber Matos, icónica figura de la historia contemporánea de Cuba que cumplió 20 años de prisión tras desafiar la orientación comunista de la revolución castrista.

Recordado como un hombre valiente y ponderado, ejemplo de entereza e integridad, así como padre pedagogo y cariñoso, Matos falleció el jueves de un paro cardiaco a los 95 años.

Rogelio, uno de los cuatro hijos del comandante, dijo que poco antes de morir su padre reivindicó sus principios democráticos y ofreció un mensaje de aliento a un grupo disidente en la isla para mantener firme el sueño de una Cuba libre.

“Mi padre conversó por teléfono con una delegación de Holguín que lo llamó y le cantó el himno nacional, antes de morir”, dijo Rogelio Matos a El Nuevo Herald. “El los estimuló a seguir adelante, sabiendo que a él ya le quedan pocas horas. Les dijo: la lucha continúa, y ¡Viva Cuba Libre!”.

Matos falleció en el Hospital Kendall Regional, a donde había sido trasladado el martes. Al día siguiente pidió ser desconectado del equipo de respiración para que despedirse de su esposa María Luisa Araluce y de sus hijos y nietos.

Figuras del exilio cubano que acudieron al velorio en Westchester destacaron la trayectoria de Matos.

El periodista Tomás García-Fusté dijo que Matos fue un hombre íntegro que optó por desafiar a Castro al percatarse del rumbo de la revolución, y que cumplió dos décadas de prisión “con dignidad”.

“Este fue un hombre que quiso a su patria”, dijo García-Fusté. “Tuvo la valentía de renunciar después de darse cuenta de que la revolución castrista era peor que el gobierno de Fulgencio Batista, y se quedó en la provincia de Camaguey [...] pero Fidel Castro no lo pudo matar porque era un héroe, y le dieron 20 años de cárcel”.

Sylvia Iriondo, presidenta de M.A.R. por Cuba, destacó que Matos también alzó su voz ante la comunidad internacional para denunciar las violaciones a las libertades fundamentales en Cuba por parte de la dictadura de los Castro.

“Después de haber estado con la revolución, el comadandante Huber Matos desenmascaró al régimen castro-comunista”, dijo Iriondo. “El expuso ante el mundo y en foros internacionales la naturaleza de un dictador que ha destruido a Cuba y ha conculcado todas las libertades y derechos fundamentales del pueblo cubano”.

Matos nació el 26 de noviembre de 1918 en Yara, donde el héroe de la independencia de Cuba, Carlos Manuel de Céspedes, inició en 1868 la guerra contra el dominio colonial español.

Durante el velorio, Rogelio recordó cómo su padre, un maestro de escuela, se sumó a la revolución contra Batista y en 1957 fue clave en el envío de armas a los rebeldes que apoyaban el movimiento que encabezaba Castro.

“Mi padre salió de Costa Rica con la ayuda del presidente José María Figueres y llevó un cargamento grande de armas, el avión era piloteado por [Pedro Luis] Díaz Lans, y se estrelló pero los pertrechos llegaron hasta la Sierra Maestra”, dijo Rogelio.

Pero según Rogelio, su padre se desilusionó de Fidel Castro al percatarse siete meses después de instaurada la revolución en la isla, de que el movimiento encaminaba hacia el comunismo. En 1961, Castro reconoció el “carácter socialista” de su revolución.

Rogelio precisó que los restos de su padre serán enterrados el sábado en Costa Rica, país que lo acogió en momentos muy difíciles.

“Luego de que mi padre fue condenado a prisión, la familia huyó a Costa Rica”, dijo Rogelio. “Cuando cumplió la condena de 20 años de prisión, el entonces presidente de Costa Rica, Rodrigo Carazo, mandó una delegación a buscar a mi padre. Y el gobierno de Costa Rica lo recibió otra vez. Por eso el pueblo costarricense y mi padre tienen una relacion especial, incluso quiso que lo enterraran allá hasta el día que regrese la libertad a Cuba”.

 
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Muere Huber Matos, nace un símbolo

Igual que la cruz simboliza el cristianismo, el mar la libertad y el color blanco la pureza, Huber Matos simboliza la demostración objetiva del desdoblamiento de la revolución democrática cubana libertaria, en opresión comunista. El comandante Huber Matos es el símbolo cabal de la traición de Fidel Castro a la revolución democrática de 1959 en Cuba.

Por Jorge Hernández Fonseca (Cubalibredigital)

28 de Febrero de 2014

Los humanos somos básicamente simbólicos. Hay objetos, elementos, colores, formas y personas, que concentran para sí el significado abstracto de sentimientos, expresiones y virtudes. Es el caso del comandante de la revolución democrática cubana de 1959, Huber Matos Benítez. Igual que la cruz simboliza el cristianismo, el mar la libertad y el color blanco la pureza, Huber Matos simboliza la demostración objetiva del desdoblamiento de la revolución democrática cubana libertaria, en opresión comunista. El comandante Huber Matos es el símbolo cabal de la traición de Fidel Castro a la revolución democrática de 1959 en Cuba.

La lucha del pueblo cubano contra la traición de Fidel Castro tiene muchos episodios tristes, rostros heroicos, sufrimientos, fusilados, asesinados en el mar tratando de escapar del comunismo, toda esa épica de sangre y desarraigo provocada por un dueño de mentira lo simboliza Huber Matos, el hombre que habiendo llegado al sitial más alto de la revolución de 1959, renunció a los honores que le esperaban y los cambió por 20 años de celda solitaria.

Hay hombres de temple en la historia del mundo; la historia de Cuba es prolífica en heroísmo y dignidad. Huber Matos pasa desde ya, por mérito propio, a ocupar un sitial en esa historia, señalando con su imagen la traición escenificada por el dictador cubano engañado vilmente a todo un pueblo, cuando desmentía su ideología comunista desde los primeros días de la Sierra Maestra, como una estrategia cobarde y engañosa para triunfar de manera ignominiosa.

En el futuro por escribirse de la patria no podrán entenderse las actuales y futuras reformas de Raúl Castro sin mencionar el alerta temprano del Comandante Huber Matos, hace 55 años. La canallesca transición que prepara la familia Castro, encabezando el paso a un capitalismo de estado en la isla, no podrá ser narrada sin el grito de libertad de Huber Matos en 1959. Un hombre de 95 años muere –llevando a la tumba el dolor de un revés-- que a la distancia de 55 años se torna lúcida victoria, al ver al comunismo que él condenara irremisiblemente derrotado.

Su desaparición física hace justicia a su historia. Conocedor de su final, hizo frente con valentía al desenlace natural, pidiendo ser liberado de los esfuerzos tecnológicos que lo mantenían con vida, para dejar en su familia el consuelo de una despedida directa; para escuchar de sus compatriotas en la isla la entonación del sagrado himno nacional, para dedicarle el último suspiro, las últimas frases, el último pensamiento, a su querida patria oprimida.

Sobre el Comandante Huber Matos se escribirán raudales de tributos desde todos los rincones habitados por los hombres libres. Sirva este modesto tributo de un cubano exiliado --víctima también de la desidia castrista que se posesionó de Cuba desde que Fidel Castro decidió traicionar su palabra, su honra y su legado-- para hace más luz sobre el símbolo de lo más democrático de la revolución cubana de 1959. Huber Matos murió por la patria y parafraseando nuestro himno nacional --y hoy como una verdad indiscutible-- “morir por la patria es vivir”.


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